Aunque la ciudad ha cerrado gran parte de su red de refugios de emergencia para inmigrantes, las familias sin hogar siguen alojadas en 110 hoteles, la mayoría de los cuales carecen de cocina. Según los defensores de los derechos de las personas sin hogar y los propios neoyorquinos sin hogar, la comida que se sirve en los refugios suele ser de muy mala calidad, lo que plantea dificultades especiales para las familias con menores y las personas con restricciones en su dieta.
Este artículo se publicó originalmente en inglés el 30 de marzo. Traducido por Daniel Parra. Read the English version here.
Isabel y su hija adulta, que tiene parálisis cerebral y dificultades para masticar y deglutir, entraron en el sistema de refugios de la ciudad de Nueva York hace poco más de un año.
Las dos, que se mudaron aquí desde Perú, han sido alojadas en diferentes hoteles de la ciudad y recientemente se han trasladado a un hotel transformado en refugio en Manhattan. Allí no hay cocina para uso de las familias, como ocurre en la gran mayoría de los hoteles que se han convertido en refugios municipales, por lo que el personal sirve a los residentes tres comidas al día.
Sin embargo, alimentar a su hija con comida adecuada para su digestión ha sido una lucha constante, ya que la comida del refugio-hotel rara vez es apta para ella, explicó Isabel.
“Yo no le daba la comida de ahí porque le hacía daño”, dijo Isabel, recordando comidas anteriores como pizza, hamburguesas y cereales que su hija —quien sigue una dieta a base de alimentos blandos o líquidos— no podía comer. “La estreñía más”.
Como trabaja cuidando a personas mayores, Isabel puede comprarse su propia comida, y admite que trae comida de fuera y prepara sopas y purés más saludables para su hija, aunque eso vaya en contra de las normas de los refugios. La desventaja, dijo, es que la mayor parte de su sueldo se va en comida, lo que le dificulta ahorrar y salir del sistema de refugios.
“Yo agradezco un techo. Estoy muy agradecida”, recalcó Isabel, quien pidió a City Limits que no revelara su apellido por motivos de privacidad. “Pero sí la comida es muy mala: mala, mala”.
La ciudad de Nueva York lleva mucho tiempo recurriendo a hoteles comerciales para que sirvan de refugios para personas sin hogar cuando se ve presionada por la falta de espacio o en situaciones de emergencia, como ocurrió en 2022, cuando comenzaron a llegar miles de nuevos inmigrantes y solicitantes de asilo desde la frontera sur.
La ciudad ha ido cerrando gradualmente sus refugios de emergencia, que en su momento álgido contaban con más de 200 centros, a medida que disminuía el número de inmigrantes. Pero el Departamento de Servicios para Personas sin Hogar (DHS por sus siglas en inglés), que heredó las riendas de lo que queda de esta red, sigue alojando a familias sin hogar en 110 hoteles repartidos por toda la ciudad, la mayoría de los cuales carecen de cocina.
Según los defensores de los derechos de las personas sin hogar y los propios afectados de Nueva York, la comida que se sirve en los refugios suele ser de muy mala calidad, lo que plantea dificultades especiales a las familias con niños y a las personas con restricciones alimentarias o con necesidades especiales de salud.
“La comida es insuficiente y no basta para saciar su hambre, especialmente para las familias con niños que vienen de otros países; no es culturalmente adecuada, por lo que los adultos pueden obligarse a comer ciertas cosas, pero los niños simplemente no lo hacen”, dijo Deborah Berkman, directora del proyecto de refugios y estabilidad económica del New York Legal Assistance Group.
“Dicen que es muy salada, muy grasa, que no sabe bien. La gente cuenta que está congelada o en mal estado”, añadió Berkman. “Las comidas solo se sirven a horas muy concretas, así que si no estás en el refugio a la hora de la comida, no hay forma de conseguir comida”.
En enero, el alcalde Zohran Mamdani emitió una orden ejecutiva en la que exigía al DHS que elaborara un plan para que los refugios de emergencia para migrantes que aún quedan cumplan con las normas municipales vigentes desde hace tiempo. Esto incluye la eliminación gradual del uso de hoteles que no cumplan con la normativa relativa a los denominados refugios de “Nivel II” para familias: unidades privadas tipo apartamento en las que se exige la presencia de una cocina o el acceso a una.
“Nuestro objetivo es siempre ofrecer a las familias la oportunidad y la autonomía para cocinar sus propias comidas, y a medida que eliminamos gradualmente el uso de refugios de emergencia en hoteles para familias con niños, nos comprometemos a trasladar a las familias a lugares que cumplan con las normas reglamentarias, incluido el acceso a instalaciones para cocinar, tal y como ha ordenado el alcalde”, declaró el DHS en un comunicado.

Solicitar acceso
El sistema de albergues cuenta con un procedimiento para que las personas con discapacidad puedan acceder a servicios adicionales mediante lo que se conoce como una solicitud de “acomodamiento razonable”, cuando la necesidad no es evidente ni obvia. El DHS recibe cientos de solicitudes de este tipo al año, pero muy pocas son aprobadas, y la agencia ha denegado en los últimos años el acceso a la cocina a cientos de residentes en albergues.
Según los datos obtenidos por The Coalition for the Homeless a través de una solicitud bajo la Ley de Libertad de Información (FOIL) facilitados a City Limits, el DHS aprobó solo el 11.7 por ciento de las solicitudes de acceso a la cocina (161 de 1.375) entre enero de 2022 y noviembre de 2025.
Cuando se le preguntó por las bajas tasas de aprobación, el DHS respondió que cada solicitud es única, se considera de forma individual y se evalúa según los mismos criterios. Un equipo de trabajadores sociales clínicos titulados y enfermeros evalúa cada solicitud basándose en la documentación que proporciona el solicitante —que puede incluir cartas de médicos recomendando la asignación— y en el contexto específico del caso, explicaron los responsables del DHS. Sin embargo, muchos solicitantes carecen de una relación clara y razonable entre su solicitud y su discapacidad o necesidad de carácter médico, añadieron los oficiales.
“Las personas con una necesidad médica demostrable pueden recibir comidas especializadas que se ajusten a sus restricciones alimentarias siempre que sea razonable y posible”, afirmó un portavoz del DHS en un comunicado. “Si el DHS no puede satisfacer la necesidad de una dieta médicamente necesaria, se asignará al usuario una unidad con cocina”.
Isabel dijo que pidió en múltiples ocasiones que la asignaran a una unidad con cocina para poder alimentar más fácilmente a su hija con comida que pudiera tragar. Sin embargo, tras meses de intentarlo y a pesar del asesoramiento y la defensa de las organizaciones que ayudan a las personas sin hogar, la ciudad se lo negó.
“Tengo amigos a los que han colocado en refugios con cocina”, dijo Isabel, de 52 años. “Presenté cartas del médico [de mi hija] y me dijeron que no era suficiente. Es imposible”.
Otros han tenido algo más de suerte. Luis, su esposa y su hijo adolescente ingresaron en el sistema de refugios en 2024. Luis, quien pidió que no se revelara su apellido por temor a las consecuencias en materia de inmigración, utiliza una silla de ruedas. Tiene diabetes, hipertensión, sobrepeso y toma medicación para el colesterol.
Mientras se alojaba en refugios en hoteles como el Watson y el ROW NYC —dos hoteles comerciales que la ciudad ya cerró—, vendía agua embotellada y refrescos para ganar algo de dinero.
Con ese dinero, sumado a lo que ganaba su pareja, compraban su propia comida o la cocinaban a escondidas en el baño con una pequeña olla eléctrica, como hacían muchos otros, admitió.
Repetidamente, pidió una habitación con cocina, dijo. Su petición fue aprobada en los últimos días de enero en uno de los pocos hoteles con cocinas, en Long Island City, en Queens.
“Tenemos una cocineta, un microondas y una nevera”, dijo Luis, añadiendo que inicialmente había planeado preparar lomo saltado, un plato tradicional peruano, la primera vez que cocinaran allí, pero por razones prácticas, optaron por pollo.
“El hotel es muy cómodo y tenemos cocina”, dijo Luis. “Ya no podemos quejarnos”.
Solicitud de refrigerador
María y Diego tienen dos bebés, uno de tres meses y otra de veinte meses. La mayor tiene un nivel demasiado alto de calcio en sangre debido a una afección llamada hipercalcemia. Esto también le provoca estreñimiento —lo que, según sus padres, la irrita con facilidad— y le ha dificultado ganar peso.
La pareja contó que durante su primer mes de estancia en un hotel de acogida en Jamaica, Queens, su hija perdió peso. “Nuestra principal preocupación era su nutrición, que creciera, que fuera fuerte. Era muy frustrante para nosotros”, dijo Diego.
Para combatir la pérdida de apetito causada por la hipercalcemia, empezaron a darle comida que ellos mismos preparaban tarde en la noche o en la madrugada, cuando cocinaban en silencio en el albergue utilizando ollas y sartenes eléctricos. “Hoy en día ella come totalmente profunda —y es algo asombroso—, pero ella come así”, dijo María, quien pidió que no se revelara su apellido.

recibieron para satisfacer las necesidades de salud de su hija.
En el hotel donde la familia reside actualmente en Jamaica, Queens, describieron las dificultades para traer comida, conseguir agua caliente e incluso más de un paquete de agua embotellada por familia, después de que el hotel colocara carteles prohibiéndolo.
Aunque el DHS afirma que recientemente ha permitido a las familias alojadas traer comida para consumirla el mismo día y guardar alimentos no perecederos que no necesiten refrigeración en sus habitaciones de hotel, la pareja refuta esa afirmación. “Son muy estrictos”, dijo Diego. “Venían todo el tiempo, nos revisaban, nos quitaban la fruta para mi hija”.
Tras el rechazo de la solicitud de una cocina, los defensores que trabajan con la familia optaron por pedir un refrigerador.
Según los datos, el DHS solo aprobó el 15 por ciento (91 de las 590) de las solicitudes de refrigerador durante el periodo de casi tres años que examinaron los defensores de los derechos de las personas sin hogar.
La solicitud de María y Diego fue aceptada hace unas semanas. Pero cuando llegó, resultó ser una mini nevera de 13 por 13 centímetros, demasiado pequeña para guardar nada más que latas de refresco pequeñas.
“Literal, es un juguete. Mi hija empezó a jugar con él”, dijo María.
Al preguntarle por el tamaño, el DHS respondió que no hacen comentarios sobre casos concretos, pero afirmaron que ofrecen dietas especiales y que los refugios también pueden ofrecer acceso a un refrigerador para almacenar artículos adicionales.
¿Qué hay en el menú?
Según los oficiales, en los refugios que no disponen de cocinas, la empresa contratada para gestionar el albergue ofrece tres comidas al día: desayuno, almuerzo y cena. Aunque el DHS afirma que estas comidas cumplen las normas municipales —por ejemplo, son bajas en sal y grasas y ricas en frutas y verduras—, los defensores de los derechos de las personas sin hogar y los propios usuarios sostienen lo contrario.
“La calidad de la comida no es buena en la mayoría de los lugares”, dijo Jamie Powlovich, directora sénior de la Coalición, una de las organizaciones que no solo aboga en casos concretos, sino que también visita los refugios de la ciudad.
“Con frecuencia vemos o nos envían fotos de comida que, en mi opinión, a la mayoría de la gente le parecería poco apetecible, rozando lo incomestible. También nos llegan informes y vemos comida que no se ha calentado del todo, por lo que sigue semicongelada, o comida que parece —o huele— en mal estado, lo que indica que no se ha conservado adecuadamente”, añadió Powlovich. “Nos preguntamos si cumple o no los requisitos nutricionales establecidos en las normas de la Política Alimentaria de la ciudad de Nueva York en cuanto al tamaño y la cantidad adecuada de calorías que deben tener determinados alimentos, dependiendo de si son para un adulto o un niño”.
La comida en sí fue objeto de una audiencia en el Concejo de la ciudad el año pasado, cuando los responsables del DHS afirmaron que habían recibido 1.479 quejas relacionadas con la comida y las comidas en 2024. (City Limits solicitó datos más recientes al DHS, pero el departamento no los facilitó).

en los refugios, mostrados por la Coalition for the
Homeless y Legal Aid Society en audiencia del
Concejo el año pasado la comida.
Defensores de la Coalition for the Homeless, Legal Aid Society y el New York Legal Assistance Group, tres organizaciones que representan a las personas que se alojan en los refugios, señalaron que una de las quejas más frecuentes que reciben de los residentes es sobre la calidad, el tamaño de las raciones y la falta de comidas adecuadas para los niños, además de las dificultades para que se atiendan las peticiones relacionadas con la cocina.
El DHS explicó que, aunque muchos refugios contratan a sus propios proveedores, el departamento ofrece orientación y formación para cumplir con las normas alimentarias. Según los datos, las solicitudes relacionadas con necesidades dietéticas médicas tienen una de las tasas de aprobación más altas del DHS, con un 66 por ciento.
Según las evaluaciones realizadas por DHS, en muchos casos los proveedores satisfacen las necesidades médicas específicas de las personas a las que atienden, pero a los residentes simplemente no les gustaban las comidas, dijeron. La agencia afirmó que está trabajando para mejorar la satisfacción con las comidas mediante menús más diversos culturalmente, condimentos y alimentos de larga duración y aptos para niños.
La concejala Julie Won presentó el mes pasado un proyecto de ley que exige a la ciudad elaborar informes sobre la calidad de la comida de los refugios y la cantidad que realmente se consume, en un esfuerzo por erradicar el desperdicio, tras los informes de 2023 que revelaban que un proveedor de refugios de emergencia tiró 70.000 comidas sin consumir en un periodo de 20 días, que costaron $776.000 dólares, según informó entonces el New York Times.
Aunque Isabel y su hija siguen sin tener acceso a una cocina, su petición de alimentos más adecuados ha dado al menos algunos frutos: hace tres semanas, tras meses de intervención de la Coalition, el refugio comenzó a proporcionarle batidos para su hija.
“Parece que tiene espinacas y verduras”, dijo Isabel. “Y a ella le gusta”.
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